Piel de oveja

-“Buenos días, señorita vengo con el Lic. Yasif”-
-“Si, un segundo”-
-“Gracias”-

Durante los casi 10 minutos que se prolonga la espera no hablamos en absoluto, aunque somos los únicos y estamos a menos de 3 metros, nos ignoramos completamente.

Suena el teléfono, es el Lic. Yasif , ya me puede recibir en su oficina.
Conozco el camino y aún así te paras para dirigirme, subes las escaleras delante de mí, con andar pausado.  Aún con ese traje sastre tan formal, tus atributos saltan a la vista. Ya dentro de la oficina del Lic. te doy las gracias y por un brevísimo instante tus labios me muestran una sonrisa.

Hasta la fecha he conocido 3 asistentes del Lic.  siempre con las mismas características: serias, eficientes y excelente presencia. Durante la entrevista,  tu jefe te marca para pedirte unos papeles que necesitamos, los traes de inmediato ordenados pulcramente en un folder que dejas sobre el escritorio antes de desaparecerte.

-“Esta chica es muy aplicada, seria, trabajadora un poco jetona pero con 3 como ella y haríamos milagros”-
-“Bastante seria, pero muy eficiente, eso si”- respondo al comentario del Lic. Continuar leyendo “Piel de oveja”

Calorina

Sentado en el Vips de Holbein,  mientras esperaba a una persona para una reunión de trabajo, cruzó la puerta una mujer acompañada de su esposo, un niño y una niña, la seguí con la mirada  y cuando nuestras miradas se encontraron, regresé 18 años en el tiempo:

-“Ella es Carolina, es bien ponedora y es un desmadre”-
 Fue la respuesta de Oswaldo, uno de mis compañeros de aventuras en la preparatoria en turno, al preguntarle por una chica de talla mediana, castaña clara, cara muy bonita y ojos aceitunados.

Acababa de pasar frente a nosotros  y como la mayoría de las chicas de esa prepa, llevaba la falda gris a medio muslo, el horrendo suéter guinda que todos debíamos usar, pero lo más interesante era su blusa blanca, que a diferencia de todas las demás chicas, ella usaba con 3 botones desabrochados, haciéndole un escote verdaderamente escandaloso.

-“¿Preséntamela, no?”-  Le pedí a mi amigo mientras en mi mente aún disfrutaba de las tetazas que asomaban en el escote. Continuar leyendo “Calorina”