Sobre ruedas

I Enero

Era el último domingo del año y decidí ir a rodar al “Paseo ciclista dominical” en lugar de ir a alguna de las otras rutas que acostumbro rodar.

En uno de los tantos altos que hay en la ruta, ví una atractiva mujer que traía una bicicleta nuevecita y que claramente no estaba ajustada para ella.

Generalmente cuando ves a una chica así, no muy lejos está el esposo/novio que la está iniciando en el ciclismo, así que no hice mayor caso y en cuanto tuvimos luz verde seguí mi camino.

Unos 20 minutos más tarde yo venía de regreso cuando me la volví a encontrar, pero en esta ocasión estaba detenida y parecía un poco contrariada. Aún era temprano, había muy poca gente rodando y no ví al esposo/novio que la ayudara.

Me acercé y le pregunté si todo estaba bien, si necesitaba algún tipo de ayuda mecánica. Me explicó que su bicicleta no funcionaba bien. Le pregunté si quería que la ayudara para que pudiera terminar su rodada.

— Ay, si por favor — Noté un acento costeño en su voz.

Como la mayoría de las bicicletas nuevas, estaba sin ajustar, así que empecé a hacerlo mientras comenzabamos una amena charla. Le pregunté de dónde era

—¿Se me nota mucho? —

—En realidad lo pregunto por tu acento, a mí me suena como de ¿Veracrúz, Tabasco o Colima? — Soltó una risa franca —Muy bien, si le atinaste .. Soy de Tabasco—

Seguimos platicando y pronto llegué al punto de tener que ajustar la altura del asiento de su bicicleta, así que le pedí se pusiera de pié junto a su bici. Cuando lo hizo, pude apreciar una curvilinea figura.

Unos minutos más tarde le pedí que probara la bicicleta, se subió  y dio una pequeña vuelta.
—Como que el asiento me cala y eso que no estoy plana— Sonriendo, asentí su comentario
—Es un asiento muy básico y posiblemente tengas que cambiarlo—
—Cómo, ¿estas no ayudan?— dijo mientras se daba una pequeña palmada en la nalga derecha.

Continuar leyendo “Sobre ruedas”

El vaivén de tus caderas

El vaivén de tus caderas al caminar, provocaba que tu vestido danzara alrededor de tus muslos, los altísimos zapatos de plataforma le daban una personalidad putanezca a tus piernas, largas y morenas.

El escote no era tan pronunciado pero permitía admirar suficiente de tus senos como para desear estar entre ellos.

Tus ojos llenos de atrevimiento confirmaban el mensaje que todo tu cuerpo enviaba, “soy una hembra con ganas”

Sentada en la terraza con las piernas semi-abiertas, eras una invitación al placer, tus labios besaban la taza cada vez que sorbías café de ella. Pasaron unos minutos y nadie se acercaba, no esperabas a nadie y tu café ya estaba en su segunda mitad. Tu oferta estaba a punto de expirar, tu gesto había cambiado un poco.. ahora había una pequeña duda en él

¿Acaso nadie te había visto entrar, acaso nadie había notado el vaivén de tus caderas? Continuar leyendo “El vaivén de tus caderas”