Ese día salí a desayunar a una plaza comercial cercana a mi casa con toda la calma y desenfado del mundo, aunque era un día entre semana yo tenía 3 semanas libres antes de iniciar mi nuevo empleo y podía disfrutar de no hacer nada y tomarme las cosas con calma.
Mientras caminaba, sin prisa y sin rumbo, viendo los aparadores de la plaza comercial, a la distancia ví estacionada una hermosa motocicleta y me acerqué a admirarla. Era una Triumph color naranja metálico, con un diseño clásico y deportivo. En ese entonces ver una motocicleta de esa marca no era muy común en México, por lo que me tomé mi tiempo para admirarla.
El sonido de un zipper y el tintineo de unas llaves sonaron detrás de mí. Instintivamente me giré para descubrir a una chica en jeans y una chamarra de cuero tipo biker justo detrás de mí.
—Perdona, es raro ver estas motos y por eso me acerqué a verla— le dije con nerviosismo y un tanto apenado. Ella me sonrió brevemente mientras terminaba de ponerse el casco.
Yo, que estaba muy cerca de la motocicleta, me había retirado un poco y ahora estaba allí torpemente sin saber qué hacer. La chica se montó a la motocicleta, la encendió y en lugar de arrancar e irse, volteó a verme y me preguntó con un tono que parecia un tanto enfadado si quería dar una vuelta.
Atónito por la pregunta y la situación, solo logré asentir con la cabeza. —Pues.. ¡súbete!— Como niño regañado, apuré a montarme detrás de ella aún sorprendido de lo que estaba pasando.
En cuanto me acomodé en el asiento, ella arrancó y hábilmente se coló por el tráfico. Pude disfrutar del ronco rugir de la moto conforme aceleraba.
Cuando ví que se incorporó a una vía rápida, la idea de que esto sería una simple vuelta a la cuadra desapareció y aunque me preocupé un poco, la sensación de la velocidad y adrenalina me llevaron a disfrutar el momento. Era muy buena conductora, ibamos bastante rápido y aunque iba sorteando el tráfico lo hacía de una manera sigilosa y controlada. El motor sonaba como ronroneo, los cambios de velocidad apenas y se sentían, las frenadas eran progresivas y calculadas.. definitivamente esta chica sabía lo que hacía, así que simplemente me dejé llevar y disfruté del paseo.
Al principio yo iba sujetándome de la parte trasera del asiento pero al ir más rápido puse mis manos en el tanque de gasolina, ella con una pequeña indicación me invitó a sujetarme de su cintura. Salimos de la vía rápida y enfiló la motocicleta hacia la zona de Las Lomas que es una zona boscosa y está llena de calles empinadas y con sinuosas curvas. En ese entonces no había la cantidad de topes que hay actualmente y si no había tráfico, era perfecta para disfrutar manejando.
La motocicleta se deslizaba ágilmente por esas pronunciadas curvas, aceleraba en un suspiro llenando el aire con su potente rugido, mientras que ella maniobraba magistralmente. Nuevamente me hizo una pequeña indicación con su mano, en esta ocasión llevó mi mano a la altura de sus senos. Sorpendido, reaccioné torpemente y tras una segunda indicación coloqué mis manos en sus senos.
Continuar leyendo “Grunge Betty (I)”
