Speed Girl | La habitación gitana

Tras entregarme el papel con sus datos y citarme a las 11 de la mañana, Mjhaela desapareció en la zona de privados. De manera casi inmediata mi amigo se materializó a mi lado:

-“Sabía que se entenderían..”-
-“¿Porque hablamos inglés?-
-“No, porque los dos están bien pinche loquitos”-
-“¿La esperamos o que prosigue?”-
-“No, ya se la llevaron. Está flaquilla pero tiene mucho jale”-

Al día siguiente llegué al hotel de mala muerte donde vivía Mjhaela, una verdadera pocilga que olía a humedad y estaba cayéndose a pedazos, sin que nadie me preguntara nada llegué a la habitación 409.

Después de un beso y abrazo de bienvenida, me invitó a su habitación, que estaba ocupada mayormente por una cama king size atiborrada de ropa que se revolvía con las sábanas y las cobijas. no había más que un buró al lado de la cama y estaba repleto de envases de Red Bull vacíos. Continuar leyendo “Speed Girl | La habitación gitana”

Speed Girl

Después de escuchar desfilar nombres como: Rubí, Esmeralda, Jenifer, Britani, Estefani, Desiré y Natali, el nombre de Micaela se me hizo un tanto extraño.

En el escenario se encontraba una Desiré que cumplía con el perfil de todas las bailarinas que la precedieron: cabellera teñida, pupilente de color, rasgos inconfundiblemente mexicanos, voluptuosa (léase harto tetona y/o nalgona gracias a una buena post-producción) y utilizando los mismos 10 o 12 pasitos para bailar.

Cuando anunciaron por segunda vez a Micaela nadie hizo caso, pues los pocos asistentes a este table se encontraban asediados por una treintena de teiboleras que sabían, que esta iba a ser una noche lenta e intentaban sacar lo más posible. El amigo que me había arrastrado hasta acá con el pretexto de acompañarlo, estaba perdido entre 3 chicas que peleaban por quitarle sus billetitos, mientras yo miraba para todos lados, francamente aburrido.

La presentación de Micaela fue completamente ignorada pues nadie la recibió con un fuerte aplauso tal como pedía el sonido local. En el escenario apareció una chica espigada, de pocas curvas y contrario a los canones del vestuario del table, traía un vestido floreado nada ajustado, nada atrevido, nada de lycra, un vestido común y cualquiera. No traía las zaputillas que tan famosas han hecho las teiboleras, las había sustituido por un par de sandalias y por si fuera poco traía un enorme sombrero de playa. En verdad se había equivocado y estaba lista para caminar en cualquier costera. Continuar leyendo “Speed Girl”

Al ritmo de tus pasos

Te descubrí por una mera y feliz casualidad mientras cenaba con unos amigos en un restaurante argentino. Sé que es un cliché pero así es como te disfruté por primera vez. A la mitad de la cena y sin mayor aviso que el sonido de un tango, entraste en mi vida.

Lo primero que vi fueron tus largas piernas ataviadas con medias de red,  siguieron tu vestido largo con una desafiante abertura en el costado, tu pelo perfectamente alisado y recogido en una vistosa trenza, adornado por un tocado floral. Tus ojos aceituna. Tus manos expresivas de finos dedos y tu piel, blanca como alcatraz. Continuar leyendo “Al ritmo de tus pasos”

Antiguos Placeres

Son las 3 y media de la mañana, estoy sentado en una banca de madera en la entrada de una viejísima vecindad del centro de la ciudad, tomo entre mis manos un pocillo de barro para calentarlas un poco.

El café de olla en su interior despide un aroma a canela y piloncillo que me urge a sorber un poco. El olor del puesto de quesadillas y la insistencia de la señora que lo atiende me convencen de pedir una quesadilla de quelites con queso.

Mientras espero mi quesadilla, la jovencita que mandaron a buscarte regresa, no me deja de escrutar con la mirada. Le dice algo a la quesadillera que no logro escuchar.

-“Que orita lo atiende..”- Continuar leyendo “Antiguos Placeres”

La calma antes de la tormenta

Recorro con la mirada el largo listón de satín con el que te he inmovilizado. Tu piel almendrada, el rojo satín, la seda negra de tus medias y  el exquisito encaje de tu lencería se conjuntan en un armonioso juego de colores y texturas.

La última luz de la tarde entra por las ventanas donde comienzan a aparecer cientos de pequeñas luces, como luciérnagas inmóviles que se hacen cada vez más brillantes. La venda que rodea tus ojos no te permite disfrutar de este pequeño espectáculo.

Haz  agudizado tu oido para suplir la vista, intentas saber dónde estoy, pero es hasta que rozo tu espalda que sabes que estoy a tu lado, me acerco a tu oído y con voz muy baja te digo un par de frases que te mantienen excitada. Continuar leyendo “La calma antes de la tormenta”

Las hermanas sabrosura

Todos los que hemos hecho uso de un gimnasio en algún momento de la vida, sabemos que uno de los grandes beneficios de acudir a este templo de bienestar, es el placer visual.

Y este goce estético es por igual para hombres, mujeres o quimeras, porque siempre habrá un cuerpo que te llene la pupila, sin importar tu género o preferencia.

Si además le agregamos que dichos objetos de deseo andan con ropas entalladas, minúsculas o reveladoras y que se presentan frente a uno en posiciones o movimientos sugestivos, con sonidos guturales muy emparentados con la lujuria y exhalando feromonas al por mayor, pues la visita al gimnasio se convierte en  una muy civilizada orgía visual. Continuar leyendo “Las hermanas sabrosura”

La hermosa cabrona

Aunque el Starbucks es un ecosistema con fauna muy específica, cada uno de estos locales tiene su propia personalidad.

El Starbucks en el que estoy tiene la peculiaridad de estar “escondido”,  si bien nunca le falta gente, no se encuentra en una avenida altamente concurrida y se pudiera decir que está inserto en una pequeña isla urbana que permite llegar a él sin mucha notoriedad y permanecer en su interior con discreción, aún con los enormes ventanales. Continuar leyendo “La hermosa cabrona”

Cielo nocturno

Imagino que estarán familiarizados con ese sentimiento tan peculiar que te llena cuando dedicas tiempo a admirar el cielo nocturno.

Esa sensación de suave bálsamo que la complicidad del cielo te brinda; el anonimato te inunda y mientras estés perdido observándolo no eres mas que un punto más en su inmensidad, te conviertes en parte de esa inmensa capa negra.

Mientras no eres nada mas que abstracta negrura, puedes repasar tus ayeres, para descubrir  cómo es que la suma de todos ellos se integran para convertirse en tu aquí y ahora. Así puedes aprender fórmulas que difícilmente serían coherentes en otros contextos.

Un enorme lienzo negro se tiende ante tí, donde puedes trazar ideas, bosquejar futuros, modificar actualidades y si no te gustan, con un simple movimiento de la mano puedes volver a empezar, puedes regresar al paso anterior y rediseñar lo que consideres necesario.

Cuando navegas sin rumbo existe un faro cuyos cráteres y blancura te pueden ayudar a recuperar el camino, ya sea que te bañes en su tersa luz para obtener el alivio de la soledad, o que se convierta en el vértice de un triángulo que te acerca a los ojos que en la distancia también la admiran.

Moviéndote en ese enorme oceano negro puedes descubrir todo tipo de cosas, pueden aparecer ante tí terribles quimeras, hadas con luminisencia de sabiduria, sirenas húmedas de pasión, ingeniosas voces revestidas de eurekas, fantasmas con maleta de abonero o suspiros ahogados del pasado.

Mientras observas los puntitos luminosos que conforman el tejido de la noche, puedes irles dando nombres a tus propias constelaciones, puedes ir dando jerarquías a tus propias cosmogonías, puedes ir acomodando tu pasado en sus diferentes órbitas.

Y cuando el aire frío de la madrugada te despierta, te das cuenta que llevas horas perdido en tu interior, siendo el cielo nocturno nada más el pretexto de la imaginación.

La Condesa

Alta, delgada, de pelo negro y rizado, con los ojos brillantes, la sonrisa de concurso y esa voz ronquita que le dá un toque super sexy, Lore no ha cambiado mucho; quizá un par de kilos más y distribuidos perfectamente.

Para mi fortuna, me la he encontrado en la calle después de 17 años de haberle perdido la pista. Intercambiamos apuradamente números telefónicos pues su esposo la esperaba en la camioneta con una cara de no muy complacido, quizá por el apretadísimo abrazo con el que me saludó.

Una hora después recibí su llamada para preguntarme si esa noche podríamos cenar juntos, no les necesito decir que respondí con una afirmación del tamaño del mundo.

Tras mi emoción inicial, me golpeó la posible realidad de la cena: Lorena y yo, contando viejas anécdotas, riendo pletóricamente y explicándole el quién, el cómo y  el porqué de cada cosa a su esposo y sin tocarnos mucho porque como dice aquella frase: “Fuel and matches” Continuar leyendo “La Condesa”

El trofeo

Internet es como una maquinita de chicles, nunca sabes de qué color te sale hasta que lo tienes frente a tí.

Y me ha tocado una bio-diversidad realmente interesante, pero cuando te ví, la verdad es que no lo creía.

¡¡FUCKIN’ UNBELIEVABLE!!

No tenías foto en tu perfil, así que por default, hubieras quedado fuera de inmediato. Cuando llegó tu petición, lo primero que me llamó la atención fue tu ortografía, parece que un graffitero con gusto por el regetón, te enseñó a escribir. Continuar leyendo “El trofeo”

Velocidad o confort

Amplias caderas, acinturada, piernas grandes y golosas, redondeados y bastos senos. Frase perfecta para definir este tipo de mujeres “¡Mientras más carne, máyor es el pecado!”  Hechas para el confort, diría el finado Carlitos.

Piernas largas y delgadas, caderas pequeñas pero paraditas, un torso fuerte y marcado y senos pequeños, eran las características de las “Aerodinámicas” según la categorización de Carlitos.  La frase para definirlas: “La carne pegada al hueso, siempre es grata al paladar”.

A continuación mi personal experiencia al respecto. Continuar leyendo “Velocidad o confort”

El arte de caminar

Tras conocernos por internet (¿Seguro debe haber otras formas, no?) y chatear un par de ocasiones, quedamos de vernos en un café rimbombante para ver si la química se hacía presente.

La verdad es que no sabía bien a bien qué esperar, me habías mandado una foto de hace unos años, la plática si bien era interesante a veces se atoraba un poco, la primera ocasión que me llamaste no pudimos charlar mucho pues estaba ocupado, las llamadas subsecuentes tampoco fueron de antología que digamos, así que yo iba a ver qué salia.

Mientras te esperaba, comencé a leer un libro que acababa de comprar, resultó mejor de lo que esperaba así que a los 5 minutos estaba embebido en él. A los 20 minutos, tu llamada me sacó de trance:

-“Voy retrasada, pero llego en 5 minutos”-

Continuar leyendo “El arte de caminar”