La niña bien portada

Pelo rubio, ojos azules, piel muy blanca y con facciones de muñequita, Verónica era la típica niña bien portada, tranquila y estudiosa. Eramos compañeros de salón desde 1º de secundaria, algún par de ocasiones habíamos sido compañeros de equipo, pero realmente no podía decir que fuéramos amigos. La única amiga que Verónica tenía era Noemí, una chica igual de tímida y estudiosa que ella.

Un día como tantos en que me disponía a pasar 2 horas extras en el salón de castigados después de clases, se abrió la puerta y mayúscula sorpresa me llevé al ver entrar nada menos que a la directora en persona trayendo a Verónica.

Una vez que se había ido la temible directora y tras asegurarme que no había nadie detrás de la puerta, le pregunté a Verónica porqué estaba allí. -“Para que te haya traido ella personalmente, es porque hiciste algo realmente malo”- Verónica simplemente agachó la mirada y se soltó a llorar. Aún con los ojos hinchados por el llanto, la nariz moqueante y las mejillas rojas, se veía muy linda, como muñequita de porcelana de finísimas facciones. Continuar leyendo “La niña bien portada”

Ñora Vulgaris

Eran las 11 de la noche y finalmente, un día larguísimo de trabajo terminaba. Carlos, el encargado técnico del proyecto y yo, nos dejamos caer en los largos asientos del restaurante.

Además de cansados estábamos hambrientos así que nuestro humor no era el mejor; Mientras esperábamos nuestros platillos, el silencio predominó en la mesa. La comida hizo su mágico efecto y para cuando llegaron nuestros platos principales, la plática era nuevamente amena y abundante. Con los postres y café llegó la sobremesa y finalmente notamos a la mujer que estaba sentada en el gabinete frente a nosotros.

Una señora de unos 58 años, regordeta,  pelo negro mal recogido, máscara de maquillaje y enormes tetas que lucía descaradamente en una blusa escotadísima que en sus mejores momentos debió ser blanca, pero que ahora era amarillenta. Una falda negra que se encontraba arriba del muslo, principalmente porque la señora tenía las piernas completamente abiertas enseñándonos unos calzones beige.

Ninguno de los dos la habíamos visto y al descubrirla soltamos una disimulada risa, pues la señora hacía todo lo posible para  ser sexy. Al no funcionar sus técnicas más “sutiles”, recurrió a hacer su calzón a un lado y mostrarnos un pubis peludo y que invitaba a salir corriendo para comprar unas tijeras y podar un poquito aquella panochita amazónica. El restaurante estaba casi desierto pues ya era casi medianoche, así que podíamos disfrutar libremente del espectáculo. Continuar leyendo “Ñora Vulgaris”

Speed Girl | El costo del paraíso

Escucho en la lejanía la eterna música electrónica de la habitación gitana, siento los brazos de Mjhaela rodeándome la espalda, a la vez que yo abrazo a la pequeña Annika. Disfruto de la tibieza de nuestros cuerpos entrelazados y la última bruma del profundo sueño de hash. Mi mano se comienza a deslizar por la cintura de Annika, sin prisa alguna llega a sus muslos, mientras los acaricio me percato de lo delgados que son.

Perezosamente mi mano llega hasta su ombligo y comienza a hacer pequeños círculos a su alrededor, ella instintivamente arquea su espalda para acercarse más a mi cuerpo. Alentada por esta reacción, mi mano continua su viaje y ahora va en pos de sus senos, al llegar a ellos los siento pesados y grandes, mucho más grandes de lo que recuerdo.. Continuar leyendo “Speed Girl | El costo del paraíso”

Speed Girl | La placentera laguna

Nos instalamos en una mesa estupenda, ubicada en una terraza protegida por unos arbustos y con una pequeña fuente que armoniza el ambiente urbano con su agua cantarina, está aislada de las demás mesas así que se puede platicar muy agusto salvo la ocasional interrupción del mesero.

Allí escuché la historia de Mjhaela, quien durante 36 años fue la hija, la alumna, la hermana, la novia, la esposa y finalmente la mamá  perfecta. Dos meses atrás mientras doblaba la ropa limpia de su esposo y dos hijas, decidió que su vida era sumamente aburrida, que estaba harta de la monotonía y que quería vivir cosas nuevas.

Realizó secretamente todos los trámites para cancelar la cuenta de ahorro que su padre le había abierto a los 10 años y a la que mes con mes depositaba lo que podía. Según sus propias palabras durante ese lapso:  “Me entregé por completo a amar a mi familia y a soñar con lugares lejanos”

El día que finalmente tuvo su pequeña fortuna en las manos, le regaló a cada una de sus hijas una sortija en las que mandó grabar el nombre de la niña y el suyo. El esposo recibió un reloj igualmente grabado con sus nombres. En estos regalos se esfumó un poco más de la mitad del dinero que había ahorrado.

Tres días después había dejado atrás su vida en Rumania y estaba en un famoso club de música electrónica en Barcelona al que siempre había deseado ir. Allí conoció a Annika y comenzó su nueva vida de aventuras pues la pequeña rubia “SleepyHead”, fue su primera experiencia lésbica y la principal causa de que Mjhaela llegara a México. Continuar leyendo “Speed Girl | La placentera laguna”

Speed Girl | La habitación gitana

Tras entregarme el papel con sus datos y citarme a las 11 de la mañana, Mjhaela desapareció en la zona de privados. De manera casi inmediata mi amigo se materializó a mi lado:

-“Sabía que se entenderían..”-
-“¿Porque hablamos inglés?-
-“No, porque los dos están bien pinche loquitos”-
-“¿La esperamos o que prosigue?”-
-“No, ya se la llevaron. Está flaquilla pero tiene mucho jale”-

Al día siguiente llegué al hotel de mala muerte donde vivía Mjhaela, una verdadera pocilga que olía a humedad y estaba cayéndose a pedazos, sin que nadie me preguntara nada llegué a la habitación 409.

Después de un beso y abrazo de bienvenida, me invitó a su habitación, que estaba ocupada mayormente por una cama king size atiborrada de ropa que se revolvía con las sábanas y las cobijas. no había más que un buró al lado de la cama y estaba repleto de envases de Red Bull vacíos. Continuar leyendo “Speed Girl | La habitación gitana”

Speed Girl

Después de escuchar desfilar nombres como: Rubí, Esmeralda, Jenifer, Britani, Estefani, Desiré y Natali, el nombre de Micaela se me hizo un tanto extraño.

En el escenario se encontraba una Desiré que cumplía con el perfil de todas las bailarinas que la precedieron: cabellera teñida, pupilente de color, rasgos inconfundiblemente mexicanos, voluptuosa (léase harto tetona y/o nalgona gracias a una buena post-producción) y utilizando los mismos 10 o 12 pasitos para bailar.

Cuando anunciaron por segunda vez a Micaela nadie hizo caso, pues los pocos asistentes a este table se encontraban asediados por una treintena de teiboleras que sabían, que esta iba a ser una noche lenta e intentaban sacar lo más posible. El amigo que me había arrastrado hasta acá con el pretexto de acompañarlo, estaba perdido entre 3 chicas que peleaban por quitarle sus billetitos, mientras yo miraba para todos lados, francamente aburrido.

La presentación de Micaela fue completamente ignorada pues nadie la recibió con un fuerte aplauso tal como pedía el sonido local. En el escenario apareció una chica espigada, de pocas curvas y contrario a los canones del vestuario del table, traía un vestido floreado nada ajustado, nada atrevido, nada de lycra, un vestido común y cualquiera. No traía las zaputillas que tan famosas han hecho las teiboleras, las había sustituido por un par de sandalias y por si fuera poco traía un enorme sombrero de playa. En verdad se había equivocado y estaba lista para caminar en cualquier costera. Continuar leyendo “Speed Girl”

Al ritmo de tus pasos

Te descubrí por una mera y feliz casualidad mientras cenaba con unos amigos en un restaurante argentino. Sé que es un cliché pero así es como te disfruté por primera vez. A la mitad de la cena y sin mayor aviso que el sonido de un tango, entraste en mi vida.

Lo primero que vi fueron tus largas piernas ataviadas con medias de red,  siguieron tu vestido largo con una desafiante abertura en el costado, tu pelo perfectamente alisado y recogido en una vistosa trenza, adornado por un tocado floral. Tus ojos aceituna. Tus manos expresivas de finos dedos y tu piel, blanca como alcatraz. Continuar leyendo “Al ritmo de tus pasos”

Antiguos Placeres

Son las 3 y media de la mañana, estoy sentado en una banca de madera en la entrada de una viejísima vecindad del centro de la ciudad, tomo entre mis manos un pocillo de barro para calentarlas un poco.

El café de olla en su interior despide un aroma a canela y piloncillo que me urge a sorber un poco. El olor del puesto de quesadillas y la insistencia de la señora que lo atiende me convencen de pedir una quesadilla de quelites con queso.

Mientras espero mi quesadilla, la jovencita que mandaron a buscarte regresa, no me deja de escrutar con la mirada. Le dice algo a la quesadillera que no logro escuchar.

-“Que orita lo atiende..”- Continuar leyendo “Antiguos Placeres”

La calma antes de la tormenta

Recorro con la mirada el largo listón de satín con el que te he inmovilizado. Tu piel almendrada, el rojo satín, la seda negra de tus medias y  el exquisito encaje de tu lencería se conjuntan en un armonioso juego de colores y texturas.

La última luz de la tarde entra por las ventanas donde comienzan a aparecer cientos de pequeñas luces, como luciérnagas inmóviles que se hacen cada vez más brillantes. La venda que rodea tus ojos no te permite disfrutar de este pequeño espectáculo.

Haz  agudizado tu oido para suplir la vista, intentas saber dónde estoy, pero es hasta que rozo tu espalda que sabes que estoy a tu lado, me acerco a tu oído y con voz muy baja te digo un par de frases que te mantienen excitada. Continuar leyendo “La calma antes de la tormenta”

Las hermanas sabrosura

Todos los que hemos hecho uso de un gimnasio en algún momento de la vida, sabemos que uno de los grandes beneficios de acudir a este templo de bienestar, es el placer visual.

Y este goce estético es por igual para hombres, mujeres o quimeras, porque siempre habrá un cuerpo que te llene la pupila, sin importar tu género o preferencia.

Si además le agregamos que dichos objetos de deseo andan con ropas entalladas, minúsculas o reveladoras y que se presentan frente a uno en posiciones o movimientos sugestivos, con sonidos guturales muy emparentados con la lujuria y exhalando feromonas al por mayor, pues la visita al gimnasio se convierte en  una muy civilizada orgía visual. Continuar leyendo “Las hermanas sabrosura”

La hermosa cabrona

Aunque el Starbucks es un ecosistema con fauna muy específica, cada uno de estos locales tiene su propia personalidad.

El Starbucks en el que estoy tiene la peculiaridad de estar “escondido”,  si bien nunca le falta gente, no se encuentra en una avenida altamente concurrida y se pudiera decir que está inserto en una pequeña isla urbana que permite llegar a él sin mucha notoriedad y permanecer en su interior con discreción, aún con los enormes ventanales. Continuar leyendo “La hermosa cabrona”

Cielo nocturno

Imagino que estarán familiarizados con ese sentimiento tan peculiar que te llena cuando dedicas tiempo a admirar el cielo nocturno.

Esa sensación de suave bálsamo que la complicidad del cielo te brinda; el anonimato te inunda y mientras estés perdido observándolo no eres mas que un punto más en su inmensidad, te conviertes en parte de esa inmensa capa negra.

Mientras no eres nada mas que abstracta negrura, puedes repasar tus ayeres, para descubrir  cómo es que la suma de todos ellos se integran para convertirse en tu aquí y ahora. Así puedes aprender fórmulas que difícilmente serían coherentes en otros contextos.

Un enorme lienzo negro se tiende ante tí, donde puedes trazar ideas, bosquejar futuros, modificar actualidades y si no te gustan, con un simple movimiento de la mano puedes volver a empezar, puedes regresar al paso anterior y rediseñar lo que consideres necesario.

Cuando navegas sin rumbo existe un faro cuyos cráteres y blancura te pueden ayudar a recuperar el camino, ya sea que te bañes en su tersa luz para obtener el alivio de la soledad, o que se convierta en el vértice de un triángulo que te acerca a los ojos que en la distancia también la admiran.

Moviéndote en ese enorme oceano negro puedes descubrir todo tipo de cosas, pueden aparecer ante tí terribles quimeras, hadas con luminisencia de sabiduria, sirenas húmedas de pasión, ingeniosas voces revestidas de eurekas, fantasmas con maleta de abonero o suspiros ahogados del pasado.

Mientras observas los puntitos luminosos que conforman el tejido de la noche, puedes irles dando nombres a tus propias constelaciones, puedes ir dando jerarquías a tus propias cosmogonías, puedes ir acomodando tu pasado en sus diferentes órbitas.

Y cuando el aire frío de la madrugada te despierta, te das cuenta que llevas horas perdido en tu interior, siendo el cielo nocturno nada más el pretexto de la imaginación.