Mi primera hotwife

Desde mis primeras experiencias sexosas, tuve la oportunidad de compartir con parejas como single. Siempre ha sido divertido e interesante ser el invitado.

En ocasiones nos convertíamos en muy buenos amigos y me adoptaban como el “single de planta”. Un par de veces nos convertimos en Trío e íbamos juntos a reuniones o bares SW como Esposo, Esposa y “Novio”.

Sin embargo aunque yo fuera el single de planta y tuviéramos una relación de amistad más allá de la cachondería, la experiencia como invitado no es igual a la del esposo cuando comparte a su hotwife.

Es decir yo estaba del otro lado de la sensación de morbo que el esposo experimenta al ver a su esposa disfrutando con otro.

Afortunadamente con el tiempo he tenido la oportunidad de experimentar esa sensación de ser el que comparte..

Amelia y yo nos convertimos en pareja a una semana de habernos conocido. Su carácter jovial, relajado, su coquetería natural, un rostro muy lindo que lo completaba una personalidad dulce e inteligente hicieron que me enganchara de inmediato con ella.

A ella la conocí fuera de cualquier ámbito sexoso, de hecho nos conocimos en una salida con gente de trabajo. En esa ocasión aunque ambos íbamos acompañados, nos dimos tiempo para bailar y platicar un poco. Al final de la noche, discretamente le pedí su número telefónico que gustosamente me dio.

En la segunda ocasión que nos vimos, la pasamos muy bien, el tiempo se fue volando, pude ver destellos de su sexy personalidad y la química era innegable así que fijamos una tercera cita para el día siguiente.

La tercera ocasión que nos vimos, llegó con un vestido super fashion que le ceñía todo el cuerpo y resaltaba su figura. Aunque ya me había percatado que tenía unos senos grandes, el escote de este vestido los hacía ver espectaculares y sus duros pezones marcando la tela eran literalmente la cereza del pastel.

No duramos más de 10 minutos en el café donde quedamos de vernos y estar solos era prioritario. Con gran urgencia llegamos a mi departamento y apenas cerramos la puerta comenzó una deliciosa y larga sesión amatoria, en la que pasamos de lo romántico a lo carnal y de regreso cualquier cantidad de veces.

Me encantó descubrir que Amelia era una bomba sexual que disfrutaba enormemente y no temía experimentar.

Disfrutábamos de una intensa y sana vida sexual que acompañábamos de muy buenos momentos fuera de la cama. Nuestra relación era bastante agradable y equilibrada.

Amelia, que trabajaba en la industria de la moda, siempre vestía con prendas de diseñador que eran muy sexys. Eternamente con altos tacones que hacían lucir sus piernas, vestidos cortitos y apretados, con escotes generosos que mostraban buena parte de sus hermosos senos. Pero una de las cosas que mas me gustaba era que todas sus tangas siempre estaban húmedas e impregnadas de su delicioso aroma.

Siempre que salíamos los demás hombres volteaban a verla con una lascivia que fue poniendo en mi mente esa idea de compartirla.

En alguna de las tantas sesiones de lujuria, propuse el tema de hacer un trío con un hombre y aunque primero se sorprendió un poco, no tardó mucho en disfrutar de la fantasía.

Aunque ya llevábamos un par de meses como pareja, yo aún no le comentaba todo mi historial sexoso ó SW, la verdad es que no sabía como podría tomarlo así que lo había dejado de lado.

Cuando comenzamos a rumiar la idea de un trío, la pregunta inicial obligada es con quién. Yo dejé que ella madurara la idea en su cabeza y llegara a sus propias conclusiones, así que un día me dijo que siempre había tenido la fantasía de estar con un hombre de color y con una verga enorme.

– Creo que conozco alguien con esas características – le respondí.

Por supuesto que conocía al candidato idóneo, ahora solo era cuestión de organizar el encuentro.

– Nuestro invitado va a venir el próximo sábado – tras informarle esto, pude ver un poco de sorpresa en su rostro, pero inmediatamente se desvaneció para dar paso a la curiosidad y la excitación.

Me bombardeó con algunas preguntas: ¿cómo sería el encuentro?, ¿cómo se tenía que comportar?, ¿como iba a reaccionar yo?, ¿estaríamos los 3 o solo ellos 2?, ¿era alguien confiable?, ¿usaría preservativo?, ¿y si no me gusta?

Todas sus dudas eran muy válidas y entendibles. Le aseguré que ella tendría el control de la situación siempre. Haríamos únicamente lo que ella deseara, si en algún momento se sentía incómoda o algo le desagradaba, solo tenía que decirlo y detendríamos todo.

Los dias siguientes tuvimos sesiones realmente deliciosas; Con la expectativa del trío nuestra calentura se elevó y realmente nos estábamos disfrutando a tope.

Aunque yo conocía a Andrei (nuestro invitado) con quien ya había participado en tríos y gangbangs, omití darle los detalles completos a Amelia, para que ella fuera descubriéndolos el día del encuentro. Sabía que Andrei era un buen single, educado, ameno, atractivo, que conoce su lugar en este tipo de encuentros y que físicamente cumplía (por mucho) con el requisito de la fantasía de Amelia.

Finalmente llegó el día del encuentro, Amelia había escogido una falda de gamuza color naranja, una blusa satinada color marfil con un pronunciadísimo escote, que se mantenía en su lugar precariamente por una pequeña cadena plateada que rodeaba el cuello y espalda de Amelia. Unos sencillos pero altísimos tacones negros que hacían juego con unos pendientes de perla negra remataban el atuendo.

Conociendo el íntimo aroma de Amelia y lo fuerte que podía llegar a ser cuando se excitaba, le pedí que ese día no utilizara perfume.

Antes de abrir la puerta a Andrei, dejé que Amelia lo viera por el videoportero para que tuviera un primer vistazo. Su rostro se relajó un poco y con un pulgar arriba me dejó saber que todo marchaba bien.

Recibimos a Andrei quien confirmó ser un buen single, al presentarse muy educadamente, vestido sport pero impecable, con agradable aroma y una actitud relajada. Pasamos a la sala donde ya había yo dispuesto un plato botanero y tomamos asiento los tres. Inicié yo la conversación con algún tema bobo pero que permitiría a Amelia y Andrei entablar la plática.

Desde mi sillón, podía ver una gran parte de los senos de Amelia, así que seguramente Andrei también podía hacerlo, ella estaba sentada cómodamente y no se veía estresada, así que a los dos minutos de iniciada la conversación, ofrecí a Andrei algo de tomar.

Al ir a la cocina por las cervezas que ofrecí, les daría unos minutos para interactuar sin que yo estuviera presente y ver si había interés y química entre los dos.

Alargué un poco más de lo necesario mi estancia en la cocina para darles un poco de tiempo para habituarse.

Regresé con las 3 cervezas. Al entregarle su cerveza a Amelia le hice un pequeño gesto preguntando si estaba bien, ella respondió con dos pulgares arriba, todo iba bien!

Con cervezas en la mano los tres retomamos la charla que fluyo muy naturalmente. discretamente moví el plato botanero un poco más lejos de Amelia, así se tendría que estirar un poco más y Andrei podría disfrutar la vista del hermoso par de tetas de mi mujer.

Había pasado una media hora, los tres estábamos muy agusto así que fui a la cocina a preparar unos tragos y por unas botanas un poco más elaboradas.

Tras entregar los tragos, me senté junto a Amelia y la abracé muy casual, ellos conversaban sobre algún tema de actualidad pero que me dió entrada a dirigir la conversación a alguna anécdota que habíamos tenido Andrei y yo. Esto llevó la conversación hacia algo más picante, mientras tanto yo acariciaba los hombros desnudos de Amelia.

Entre los tragos, la conversación y las caricias.. comencé a notar la respiración de Amelia un poco más agitada, su intimo aroma comenzó a flotar en el aire y los pezones tímidamente se empezaron a notar bajo su blusa satinada.

Desde donde estábamos sentados Amelia y yo, pudimos ver como iba creciendo el enorme bulto de Andrei en sus pantalones. Esto aceleró la respiración de Amelia y sus pezones se veían claramente a través de su blusa.

Antes de que llegara Andrei había puesto como música de fondo un poco de blues y jazz, que no encantaba a Amelia pero no le incomodaba. Sabiendo que Andrei es cubano y que Amelia adora bailar, el camino a la seducción estaba fácilmente marcado.

Me paré a cambiar la música y Compay Segundo se hizo presente. Andrei dió un jovial grito al escuchar música de su tierra y solo se necesitó una canción con su alegre y pegajoso ritmo antes que el pié de Amelia estuviera moviéndose, clara indicación que quería bailar.

Me paré para sacar a bailar a Amelia y a la hora que se puso de pié, pude percatarme que no traía nada bajo la falda. Comenzamos a bailar y Andrei aplaudía animadamente desde su sillón, tras un minutito de bailar con mi mujer, le pedí a Andrei que le enseñara como se bailaba el son cubano.

Ni tardo ni perezoso Andrei de un brinco estaba junto a nosotros, mientras yo hacía girar a Amelia en su dirección entregando a mi mujer a un cubano con una visible y enorme erección.

Los dejé bailar un par de canciones en las que sus cuerpos se frotaron gustosamente, los traviesos senos de Amelia brincaban de forma muy sensual y cada que Andrei la abrazaba ella se aseguraba de que sintiera esos portentosos senos.

Mientras tanto era yo quien aplaudía y coreaba animadamente. En la siguiente canción le pedí a Andrei me permitiera bailar con Amelia y en una coqueta pirueta la dirigió a mis manos.

Mientras bailábamos, la besé y abracé, pude notar el fuerte aroma de su sexo, bajé la mano y pude constatar que estaba muy mojada.

Tomé su mano y la puse sobre mi bragueta que también escondía mi erección. Mientras sobaba mi duro pene sobre mi pantalón yo acariciaba sus senos y su espalda aprovechando el movimiento del baile.

Le hice la seña a Andrei para reemplazarme en el baile, él se acercó y girando a Amelia la entregué a Andrei, pero quedándome yo con la blusa satinada en la mano. Amelia me volteó a ver sorprendida. -oops!- le dije yo encogiéndome de hombros, mientras ella me dirigía una pícara sonrisa.

Andreí estaba feliz bailando y disfrutando de ese par de tetas que se le pegaban al pecho, con cada compás. Tras un par de giros más, me hice presente y le pedí a Andrei que me prestara a Amelia.

Al recibirla la besé más intensamente mientras la abrazaba por la cintura. Finalizó la canción y aproveche que Amelia quedó inmovil para bajar su falda que había desabrochado mientras la abrazaba.

Nuevamente Amelia me miró con sorpresa, pero en cuanto inició la música, regresó a bailar con Andrei, solo con sus tacones y aretes de perla negra como vestimenta y el fuerte olor de excitación que emanaba de su sexo empapado inundando la habitación.