Este fín de semana, puedo catalogarlo como el más hedonista de mi cabaretera vida, desde el viernes por la tarde y hasta el lunes por la madrugada, la única preocupación en mi mente fue el placer.
El placer de comer, el placer de beber, el placer de descansar, el placer del sexo y por supuesto el placer por el placer.
Una amiga me propuso escaparnos de la ciudad para disfrutar de un merecido fín de semana, tirados al sol cual lagartijas, comiendo delicioso y sin preocuparnos del tiempo, flotando en la alberca huevonamente, recibiendo cualquier cantidad de apapachos, masajes y terapias y por supuesto fornicando como conejos.. y quién soy yo para decirle que no a mi amiga y romper la armonía de la petición, así que ni modo.. muy sacrificadotamente dije que si, que en contra de mi voluntad, pero que la acompañaba.
Así que el viernes a medio día, tras acabar todo lo pendiente, urgente y posibles contingencias en la oficina, apagué el celular, guardé mi laptop, prendí la contestadora, puse mi mente en blanco y me dispuse a disfrutar.

